El Malbec es una cepa originaria del suroeste francés, que viaja a Argentina en 1852 de la mano de Michel A. Pouget, ingeniero agrónomo contratado por el gobierno del país con la misión de transformar la industria del vino. En 1863 la filoxera hace estragos en los viñedos europeos, siendo Argentina una de las pocas tierras (junto a Chile y Chipre) exentas de la plaga. A finales del siglo XIX, la industria vitivinícola argentina experimenta un desarrollo exponencial gracias a inmigrantes italianos y franceses.
El clima en las principales zonas vinícolas argentinas es caluroso, soleado y muy seco. Las mejores zonas se benefician de la altitud que trae consigo temperaturas más frías. El Malbec se adapta rápidamente a los diversos terruños que ofrece la agreste geografía del país y comienza a producir vinos incluso mejores que en su tierra de origen. Argentina se convierte en el único país en el que se encuentran cepas originales de Malbec provenientes de Francia.
Esta variedad se cultiva en todas sus regiones vitivinícolas, siendo el 35% de las hectáreas plantadas en Argentina y representa el 51% de las ventas en el exterior.
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